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Tiene 19 años y está preso sin pruebas por viajar en un remis robado

Sebastián Ventorino está detenido e imputado por robo en poblada. Lo acusan de robar un auto en el que viajaba como pasajero. La Justicia no aceptó los testigos que presentó ni las imágenes de las cámaras de seguridad que lo ubican el día y la hora del robo en otro lugar. La familia está desesperada.


El domingo 17 de enero Sebastián Ventorino, de 19 años, había arreglado encontrarse a la noche con una chica en Monte Grande, localidad cabecera de Esteban Echeverría. Acordaron la estación de trenes como punto de encuentro. Sebastián vive en Constitución, y no sabía bien cómo llegar. Así que fue hasta Wilde, en Avellaneda, a buscar a un amigo para que lo llevara en auto. El amigo le dijo que no podía, pero un conocido que estaba con él le ofreció llevarlo como un remis. Sebastián aceptó y emprendieron viaje.


Cuando estaban llegando a Monte Grande, un patrullero comenzó a seguirlos y les hizo señas para que se detuvieran. El conductor del auto aceleró y se alejó unas tres cuadras.


-Bajate y corré porque vamos en cana- le dijo a Sebastián.


“Yo me asusté porque no sabía que había en el auto, si drogas o armas… así que me bajé y empecé a caminar. Me metí en un bar”, contó después en su declaración.


A los pocos minutos, llegó la Policía al bar y lo subió al patrullero. Desde ahí, Sebastián alcanzó a llamar a su tía.


-Por favor vení que me están llevando a la comisaría primera de Monte Grande. No sé qué pasa.


Dos días antes, el viernes 15 de enero, Sebastián se fue para “Tito Neumáticos”, una gomería en Wilde donde hace changas y es punto de encuentro con sus amigos. Llegó antes del mediodía y amasó fideos caseros para los seis que estaban ahí. Estuvo con ellos hasta las ocho de la noche y después volvió a su casa.


Alrededor de las 14.30 de ese día, mientras Sebastián y sus amigos comían fideos, en Sarandí -una localidad a 4 kilómetros de Wilde- cuatro hombres entraron a robar a la casa de una mujer. Entre otros objetos de valor, se llevaron su auto. El auto era el mismo del que dos días después Sebastián iba a escapar sin saber porqué.


Cuando Sebastián llegó a la comisaría primera de Monte Grande, le tomó declaración la oficial Paz, que estaba de guardia.


-Bueno, pibe. Vos me dirás cómo puedo ayudarte, así vos también me ayudás a mí que hoy es domingo y me quiero ir a mi casa. Yo necesito 20 mil pesos.


Sebastián le dijo que él no había hecho nada y que no tenía esa plata. “Entonces me voy a tener que quedar para escribirte”, contestó la policía.


La tía y la abuela de Sebastián llegaron a la comisaría esa misma noche llorando. Se acercaron al mostrador y pidieron por él. Coincidieron en el lugar con la víctima del robo del auto, que escuchó atenta el relato de las dos mujeres. Y supo que tenía que ver con su caso. En ese momento, varios policías sacaron a Sebastián a la vereda y, en un procedimiento totalmente inusual, le preguntaron a la víctima si lo reconocía como uno de los hombres que entró a su casa a robar. La mujer ató cabos y dijo que sí. Pero su declaración se contradijo con la descripción que había dado la primera vez, cuando hizo la denuncia.

Con la declaración de la víctima del robo y la circunstancia de que Sebastián viajaba dos días después en el auto robado, el joven de 19 años quedó imputado por robo en poblada, detenido en la comisaría de El Jagüel. La causa se tramita en la UFI 1 de Avellaneda, a cargo de la jueza María Alejandra Olmos Coronel.


Pese a que Sebastián declaró que el día del robo estaba en la gomería y su defensor oficial ofreció el testimonio de los seis amigos que ese mediodía comieron fideos caseros con él y las imágenes de las cámaras municipales que así lo constatan, la

Fiscalía sólo escuchó a uno de los testigos. Y no le creyó.


Por la situación irregular en la que fue detenido Sebastián, la falta de pruebas y de pericias, y la injustificada prisión preventiva, la defensa presentó ante la Justicia diversos escritos para pedir la anulación del procedimiento y la excarcelación. Todos fueron rechazados.


Tres días después de la detención, unos 30 efectivos de la Policía bonaerense allanaron la casa de la madre de Sebastián. “Nos tiraron todo abajo. Rompieron un contrabajo de una de mis chicas que toca en la Orquesta infantil juvenil de Constitución”, cuenta a Cosecha Roja María Paula Trotta, madre de Sebastián. “Hasta mi botón antipánico querían llevarse”, dice María, quien es víctima de violencia de género desde hace años. No encontraron nada relacionado con el robo.

María está desesperada. No sólo porque su hijo está preso por un delito que no cometió, sino porque la semana pasada Sebastián fue apuñalado en su celda. A raíz de ese hecho, lo trasladaron a la comisaría de Las Colinas, en Monte Grande, donde actualmente está. A la familia nunca le avisaron que lo habían apuñalado. María recurrió a la Defensoría del Pueblo de Avellaneda y a la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires. En esta última, le tomaron la denuncia y le dijeron que van a iniciar investigación. También presentó un hábeas corpus ante el Comité contra la Tortura de la Comisión de la Memoria (CPM).


“Mi pibe no tiene antecedentes. En casa me ayuda un montón porque yo tengo lupus y fibromalgia y a veces casi no puedo moverme”, dice. “El día del robo, él estaba amasando fideos para sus amigos. Si fuera culpable, yo no haría todo esto. Pero es inocente”.


Ayer a la tarde llegó su último audio a la redacción de Cosecha Roja: “Por favor, compas, no me dejen sola. Porque a Sebas me lo van a matar”.


Fuente: Cosecha Roja


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